Monastery (New York City No. 8305)

El monasterio es un refugio del agotamiento progresivo de la metrópolis, un lugar en donde el espíritu y el pensamiento están separados de la ciudad, pero reflexionan sobre ella. El monasterio es una máquina porque media la energía entre el hombre y la deidad, aclamando así su cualidad mecánica al convertir la energía, no en trabajo, sino en ser.

La máquina es un instrumento para describir cosas y al mismo tiempo expresa su propio estado. Inherente a su mecanismo hay un aspecto de la función que se relaciona con la función descriptiva de la misma.

Para que el edificio autónomo se comprometa con la escala de la ciudad, para provocar vibraciones más allá de sus propios perímetros, tiene que tener la esencia de la máquina: el dispositivo persiguiendo la liberación. Las capacidades productivas inherentes siempre implican un contexto más grande que la cosa en sí.

La propia lectura y entendimiento de un mecanismo no está en su forma, sino en su intención. La máquina no es una herramienta reaccionaria, es una herramienta heurística. La resonancia de su energía y su resultado incipiente (en el caso de la arquitectura, una producción de nuevos significados ambientales) obliga a una acción de comunicación positiva.

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