Architektur (Viena, 1910)

“¿Puedo conducirles a la orilla de un lago de montaña? El cielo es azul, el agua verde y todo descansa en una paz profunda. Las montañas y las nubes se reflejan en el lago, y también las casas, los caseríos y las ermitas. No parecen creados por la mano del hombre. Están como recién salidos de taller de Dios, como las montañas y los árboles, las nubes y el cielo. Y todo respira belleza y silencio…

¡Eh!, ¿qué es aquello? Un tono equivocado en esa paz. Como un ruido innecesario. En medio de las casas de los campesinos, que no las hicieron ellos, sino Dios, hay una villa. ¿Proyecto de un buen arquitecto o de un mal arquitecto? No lo sé. Sólo sé que ya no hay paz, ni silencio, ni belleza. […]

Y vuelvo a preguntar: ¿por qué el arquitecto, tanto el bueno como el malo, deshonra el lago? El arquitecto no tiene, como casi ningún habitante de la ciudad, cultura alguna. Le falta la seguridad del campesino, que posee cultura. El habitante de la ciudad es un desarraigado. Llamo cultura al equilibrio interior y exterior de la persona, a lo único que hace posible un pensamiento y una acción razonables.”

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