The Seven Lamps of Architecture (Londres, 1849)

Ruskin sentía aversión por la civilización industrial, estaba en contra del racionalismo y de la tecnología moderna. Para él eran la artesanía tradicional y las actividades pro naturaleza la forma correcta (moral) para abordar la arquitectura. Por lo tanto cada obra tenía que deducirse de la naturaleza en su calidad de creación de Dios: naturaleza del hombre + leyes naturales de materiales + sinceridad + amor a la verdad en la construcción.

También consideraba que había que buscar las normas de la época y no utilizar las del pasado. Al igual que el arte debía ser social y su producción tenía que provocar placer, lo que era imposible en la producción industrial.

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