(1834 – 1896)

Morris criticó el trabajo mecánico porque se enfocaba en la máxima cantidad, lo que bajaba la calidad, así que buscó dar calidad al producto industrial.

Gracias al socialismo comprendió que los males de la ciudad moderna, la crisis artística y proyectual venían del sistema liberal, el mercantilismo y la ley de máximo beneficio, no de las máquinas. El mal no está en los medios, sino en la forma de utilizarlos. Por eso buscaba un cambio en la función de las máquinas. Para Morris la Revolución Industrial trajo algo positivo: la potencia creciente de la clase trabajadora.

Morris pensaba que la arquitectura y el urbanismo están ligados al sistema socioeconómico (efecto y reflejo), por lo que es difícil intervenirlos. Con la teoría del principio unitario, si se reforma el sector de la manufactura (uno de los anillos de la Revolución Industrial), la reforma de la arquitectura y el urbanismo es una consecuencia lógica. Por lo que el arte y la arquitectura se convierten en un problema político (nadie puede desinteresarse).

A través del movimiento  Arts & Crafts (artes aplicadas) propuso una polémica reformadora, en la que el arquitecto debía ser maestro en oficios. Creía que las cualidades estéticas más elevadas debían vincularse con los utensilios y artefactos de uso cotidiano.

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